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¿Hambre o apetito?


Elaboró LN ED Angélica Macías Guzmán


Qué fácil sería si la conducta alimentaria solamente estuviera regulada por sistemas homeostáticos, ya que comer sería una respuesta a una necesidad meramente fisiológica, lo cual resultaría, en teoría, en que todos tuviéramos un peso adecuado. Si el acto de comer fuera solamente una función necesaria para vivir, como el hecho de respirar o ir al baño, no habría problemas derivados de una mala alimentación. Sin embargo, existen muchas otras variables que regulan la ingesta de alimentos y la vuelven un proceso demasiado complejo, tanto, que hasta la fecha se sigue estudiando.

Para nosotros, los humanos, la decisión de comer se ve influenciada por la palatabilidad de los alimentos, señales ambientales e influencias socioculturales. El placer subjetivo que sentimos al ingerir un alimento, la presentación de los platillos, los aromas, las texturas, e incluso los sonidos provenientes de la masticación influyen en nuestras conductas alimentarias. En esta ocasión diferenciaremos los conceptos de hambre, apetito y saciedad, para establecer un panorama más claro de todos los aspectos que rigen la conducta alimentaria, ya que esta va mucho más allá de las necesidades de nuestro cuerpo.


Hambre y saciedad


El hambre se define como la sensación fisiológica que surge en respuesta a una necesidad biológica de nutrientes energéticos. Se manifiesta a través de sensación de vacío en el estómago, contracciones gástricas, ruidos intestinales, dolor de cabeza, entre otros síntomas. Es mediada por un complejo mecanismo en el que participa el hipotálamo, quien se encarga de regular las señales de hambre y saciedad. Por otra parte, la saciedad conlleva la inhibición de la sensación de hambre y es la que determina el tiempo entre una comida y otra. La duración que esta tenga dependerá del volumen y la composición de los alimentos consumidos.


A continuación explicaremos con mayor profundidad, pero de manera sencilla, qué es lo que sucede cuando llevamos varias horas sin comer y cómo van desencadenándose distintas reacciones en nuestro organismo: Pasadas varias horas desde nuestro último alimento, el estómago comenzará a sintetizar una hormona llamada grelina, conocida popularmente como “la hormona del hambre”. Una vez liberada, la grelina viajará al hipotálamo, en donde activará a un grupo de neuronas que, a su vez, desencadenarán la sensación de hambre. Al mismo tiempo, irán surgiendo otras señales que aumentarán esta sensación, como la disminución de los niveles de glucosa en sangre.


Una vez que comencemos a comer irá apareciendo la sensación de saciedad gracias a otras sustancias como la colecistocinina o el péptido YY, que se liberan en nuestro intestino como respuesta al contacto con alimentos y nos inducirán a detener la ingesta. Al mismo tiempo aumentarán los niveles de glucosa en sangre, lo cual provocará que se secrete insulina, que también influirá en la sensación de saciedad. Finalmente una hormona llamada leptina será liberada por el tejido adiposo y se encargará de inhibir el apetito y aumentar el gasto energético. Esta hormona está involucrada en la regulación del peso corporal, por lo que es objeto de diversos estudios aún en la actualidad.


Apetito


Este se define como el antojo de comer un determinado alimento, o en general, las ganas de comer. Aquí influyen los hábitos, las modas, las vivencias, los prejuicios, las emociones y, en general, los factores hedonistas o de placer. Cuando consumimos algún alimento que nos gusta se activa en nuestro cerebro el sistema de recompensa, liberando dopamina y generando, a su vez, satisfacción y deseo de consumir más de este. Las características organolépticas de los alimentos (su sabor, olor, color, textura y sonido emitido), englobados en el término “palatabilidad”, condicionan de manera relevante nuestro apetito.


En general, el ser humano tiende a preferir los alimentos dulces y salados, mientras que rechaza los de sabor amargo o ácido. Justamente los alimentos pobres en valor nutricional, pero densos en calorías y ricos en azúcar, sal y grasas, suelen ser aquellos que ofrecen al consumidor placer. El impulso que surge por consumirlos es tan fuerte, que incluso puede anular las señales fisiológicas, favoreciendo un desbalance en el equilibrio energético. La mayor disponibilidad y exposición a este tipo de alimentos, junto con la oportunidad de elegir casi ilimitadamente nos ha vuelto más vulnerables al consumo excesivo.


En resumen, el ser humano al alimentarse busca satisfacer mucho más que una necesidad fisiológica. No comemos sólo para sobrevivir, sino que es toda una experiencia sensorial, ya que disfrutamos de los alimentos a través de sus sabores, olores, texturas, colores y sonidos. Debido a esto, no solo es posible, sino hasta sencillo excederse por lo que es importante tomar todos estos aspectos en cuenta para entender mejor la conducta alimentaria. Disfrutar de los alimentos es esencial para nosotros, sin embargo, necesitamos prestar atención a las diferentes señales que envía nuestro cuerpo antes, durante y después del acto de comer para hacerlo con inteligencia.


Bibliografía

  • Forero, M., Gómez, M. (2020). Determinantes fisiológicos y ambientales de la regulación del control de la ingesta de alimentos. Revista de Nutrición Clínica y Metabolismo,4(1). DOI: 10.35454/rncm.v4n1.170.

  • Ruiz, M., Martínez, B., Almiron-Roig, E., et-al. (2018). Influencia multisensorial sobre la conducta alimentaria: ingesta hedónica. Endocrinol Diabetes Nutr,65(2):114-125. DOI: https://doi.org/10.1016/j.endinu.2017.09.008

  • Carranza, L. (2016). Fisiología del apetito y el hambre. Enfermería Investiga, Investigación, Vinculación, Docencia y Gestión. 1(3):117-124.

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